Cuando el tren pasa

Desde que nacemos, empiezan a surgir acontecimientos que guiarán nuestra vida hacia determinados caminos que se pueden dividir, entre los que es posible que deseemos pero no logremos seguir, los que sin más remedio o por alguna obligación escojamos terminar y los que llegan a una estación en la que algún día puede parar un tren al que no hemos llegado a tiempo y perdemos sin saber muy bien el porqué, o simplemente no hemos visto el trayecto que nos podía suponer habernos subido a él.

Ese tren de nuestra vida es posible que vuelva a pasar, y entonces y solo entonces, después de la experiencia recogida con el paso de los años estaremos seguros de llegar a tiempo a la estación para no volverlo a perder.

Como dice el refrán “Nunca es tarde si la dicha es buena”, aquí me hallo, intentando aprender cada días más de esta mi pasión por la fotografía. Creo que he llegado a tiempo a la estación, y aunque con retraso, es muy posible que pueda dejar un pequeño legado de lo que para mí significa este arte, secuestrador de sentimientos e historias a través de una imagen.

Toca levantarse, como lo haría un niño pequeño que empieza a andar. Toca el próximo objetivo, el siguiente nivel, toca andar, contar relatos, ya sean cortos o largos. Para ello intentaré aumentar mi visión de la fotografía, mediante proyectos más elaborados, series de fotografía, historia en imágenes. Puede que conlleve tiempo, pero nadie dijo que fuera fácil.

Un universo a nuestro alrededor

Después de mis últimas salidas a plena naturaleza, he constatado una tremenda verdad. El mundo no gira a nuestro alrededor. En cada centímetro cuadrado de este planeta podemos encontrar a la más mínima atención, un sinfín de pequeñas criaturas que cada día intentan sobrevivir a todo lo que les rodea y que amenaza con arrancar su pequeña pero tan importante vida para todo este maravilloso ecosistema.

Cada rincón de vida tiene sus quehaceres diarios en este mundo loco pero totalmente sincronizado del que formamos parte sin darnos cuenta que un día tomará cartas en el asunto para hacernos rendir cuentas por nuestro mal comportamiento.

En muchas ocasiones he hablado con amigos y familiares de lo increíble que sería para el ser humano encontrar vida en otros planetas, muchos científicos y astrónomos están entregando su vida actualmente para tal tarea, aunque creo que por diversos motivos lógicos es muy posible que no lleguemos a conocer, por lo menos en lo que a mi respecta, si existe vida inteligente más allá de este planeta, pero en otras tantas, me paro a observar la infinidad de especies que tenemos alrededor con tan raras características que a veces me pregunto, que pensarán los extraterrestres sobre todos nuestros seres vivos si de verdad llegan algún día a visitarnos.

Para iluminar esta hipótesis personal, te pondré un claro ejemplo de lo que digo. Pues observar a una libélula tomando el sol, puede ser una cosa normal o incluso cotidiana para gente que tenga acceso cercano a la naturaleza. Pero si nos paramos a observar detenidamente, podremos contemplar un ser tan extraño para alguien que no lo hubiera visto jamás, que puede provocar pavor y al mismo tiempo admiración, impresión, preocupación y desconocimiento de un simple insecto que bien podríamos definir de extraterrestre y hasta terrorífico, si solamente cambiara de proporciones a un tamaño bastante mayor.

O el caso de las mariposas, tan bellas en su vuelo y sus mágicos colores, pero que si acercas la vista lo suficiente, pareciera verdaderamente un monstruo con alas de hada. En el mundo animal, sobre todo en los insectos, existen seres tan extraños que a cualquiera que se detenga a investigar, le podría parecer que vienen de otro planeta.

También podemos admirar en el mundo vegetal, inmensas rarezas, flores y plantas haciendo millones de figuras que siempre tienen como objetivo aportar su grano de arena en el complicado ciclo de la vida.

Tenemos todo un universo a nuestro alrededor, que la mayoría no conocemos y que podría dar lugar a estudio durante toda nuestra vida, bien haremos en conservar estos tesoros. Sin embargo nos empeñamos en mirar hacia afuera y soñar con misiones estelares que estamos a años luz de poder conseguir, porque para ello, deberíamos entrar en sintonía con todas las fuerzas que rigen la naturaleza y controlar de tal forma las fuentes de energía que nos permitieran viajar fuera de nuestro planeta a velocidades actualmente impensables.

Una imagen vale más que mil palabras, aquí podrás ver más ejemplos de este universo que muchos por desgracia, desconocen…

Los grandes aliados del fotógrafo

Siempre que salimos de nuestro entorno, prestamos más atención a las cosas. En el caso del fotógrafo, cualquier situación, momento, lugar o compañía, extreman los sentidos hasta el punto de que puede ver una gran fotografía donde otros solo ven una imagen o simplemente pasan de largo.

También hay veces que aunque buscamos ese momento, éste no llega y aparece la frustración de no haber sabido, o no haber podido llegar al objetivo que nos habíamos marcado antes de empezar la salida.

La vista, la mente, esos grandes aliados del fotógrafo, aparecen en el momento menos esperado, para revelarnos la toma, para advertirnos de que, está ahí, ese momento crítico, maravilloso, especial, dramático, dulce, corto y en la mayoría de los casos tan temporal, que un guiño de ojos puede hacernos perder la gran oportunidad.

Siempre cámara en mano, intento estar preparado para capturar ese momento, la fotografía a veces, no muestra lo que nos hacen sentir nuestros ojos, y otras lo magnifica de tal forma que somos capaces de hacer sentir al resto lo que vimos en el momento de la captura.

Una tarde de verano, preparo la cámara, una salida al campo, esta vez cerca de un embalse que se presta con muy buenas condiciones a la fotografía de atardecer y nocturna. Esta vez la familia me acompaña, los niños ríen, mi pequeña se ha hecho mayor. En un momento me pide una foto, y ahí aparece, el momento, el sol, el agua, la tranquilidad del lugar hacen que esta vez si, mis sentidos me avisen y antes que pase un segundo le contesto, quieta, no te muevas, es la fotografía perfecta, la veo, la siento, la capturo.

Después en revelado me relajo recordando, objetivo cumplido, secuestrado el momento no me hará olvidar «como pasa el tiempo».

Esta fotografía fue elegida foto de la semana en la Asociación fotográfica de Toledo y ha sido expuesta en el C.C. Luz del Tajo en la exposición FDLS que la Asociación organiza anualmente.

En tierra de gigantes

He aprovechado el fin de semana para realizar algo de turismo rural que tanto me gusta. Castilla La Mancha, es sin duda una de las zonas del país con más opciones para este menester. Es triste ver como a medida que la centralización de la industria y la aglomeración de poblaciones en núcleos urbanos avanza, se va perdiendo la esencia de un país que tiene su origen en la agricultura y la ganadería, dejando atrás preciosos pueblos que intentan mantener los resquicios de lo que una vez fue el reino de Las Dos Castillas, o gran parte de un pasado que no deberíamos olvidar.

En nuestra obsesión por el desarrollo olvidamos a veces los retos a los que se enfrentaron nuestros antepasados y el complejo trabajo que a veces suponía como en este caso, la gestión de estos gigantes de viento para que la producción de molienda fuera lo más alta posible.

Uno de los monumentos que más caracterizan a esta región, son los molinos de viento, que a lo largo y ancho de sus montes permanecen hasta la actualidad, inalterables, algunos de ellos aún en funcionamiento, para la producción de cualquier tipo de harinas, deshaciendo el grano mediante un engranaje de ruedas y dos piedras de molienda, una magnífica creación que la ingeniería del siglo XVI supo desarrollar para aprovechar los vientos que venían de cualquiera de los puntos cardinales.

En la tarde, contaba el molino: Otro día más de descanso me permite disfrutar del atardecer manchego, me acompaña una descendiente lejana del viejo molinero que preparaba las velas en mis aspas para surcar los vientos de Castilla. Parece perdida en el abismo de esa pequeña pantalla sin pararse a pensar siquiera el momento que nos une y que no recordará, cuando el tiempo marchite su memoria, al igual que me hizo envejecer hasta quedar casi totalmente olvidado.

El Guardián de la Luz

Es difícil realizar capturas «robadas» teniendo en cuenta el entorno que nos rodea, no siempre es posible integrar el momento, la situación o el sentimiento, que expresa una persona en ese tapiz infinito que nos ofrece la calle.

Una cámara sencilla puede valer a tal efecto, la foto está ahí, esperando a ser capturada, un simple disparo y tendremos un momento inolvidable que pasará a ser revelado y mostrado al mundo para ser recordado.

Viajé a un pequeño pueblo de la Sierra de Francia en la provincia de Extremadura, noche cerrada, un callejón sin destino, solo la nada, esa oscuridad que lo envuelve todo de noche, y que poco a poco se ha visto mermada por la actividad del hombre, que llena de luz artificial todos los rincones modificando la vida de los seres que necesitan nocturnidad.

La chica, deja al fondo la mirada perdida, esperando resolver el oscuro misterio debajo del Guardián de la Luz, una vieja farola que paciente como el sereno ilumina cada noche el sombrío callejón, impasible ante el paso del tiempo. Poco a poco ha perdido su blanca armadura, ahora desnuda espera no encontrarse con esos espíritus traviesos que bien podrían apagar su larga vida y dejar paso a la más absoluta oscuridad.